entrevoz enseña pronunciación, dicción y expresión vocal en español. Rodolfo, que la dirige, es actor y profesor de español, y las clases que ofrece entrevoz se dan delante de una cámara: lecciones grabadas, vídeos de presentación, llamadas en directo con alumnos de más de 20 países.
Leer un guion delante de la cámara parece un problema pequeño. Si miras un papel, se nota. Si lees en una ventana en el centro de la pantalla, la mirada se queda unos centímetros por debajo del objetivo, y en vídeo eso se ve como alguien que no termina de mirarte. Para la mayoría es un detalle. Para quien enseña presencia y contacto visual, desmonta la lección justo mientras la está dando.
Primero, un solo archivo HTML
Todo empezó con una preocupación razonable. En GitHub hay teleprompters, pero instalar uno suponía meter código ajeno, sin leer, en el Mac desde el que un cliente da sus clases. Así que el primer intento fue un único archivo HTML: se abre en el navegador, se pega el texto y se lee. Cualquiera podía leer el archivo entero, y una regla de seguridad del navegador le impedía conectarse a internet.
Sirvió para confirmar la idea, y también para ver con claridad dónde se queda corto un navegador, porque una pestaña no puede flotar por encima de una videollamada a pantalla completa, ni pegarse al borde superior de la pantalla, junto a la cámara, ni saber dónde empieza la muesca de un MacBook.
Así que se convirtió en una app nativa para Mac.
Lo que se construyó
Una biblioteca de guiones que cuenta las palabras y calcula el tiempo de lectura a unas 140 palabras por minuto, un ritmo pausado y claro para el español hablado. Los guiones se escriben directamente o se importan desde Word, RTF, OpenDocument, Markdown, HTML o texto plano, y cada cambio se guarda solo.
Y tres formas de leer:
- Ventana flotante, por encima de todo, también de la barra de menús.
- Bajo la cámara, una franja estrecha que se pega al borde superior de la pantalla con un pequeño toque háptico en el trackpad. En un MacBook con muesca, la línea de lectura queda siempre justo debajo, nunca detrás.
- Pantalla completa, en un monitor externo o en un cristal de teleprompter, con espejo horizontal o vertical.
Una línea de lectura fija, de color ámbar, marca el renglón que toca, y todo lo que queda por encima se atenúa, para que los ojos vuelvan siempre al mismo sitio. La velocidad, el tamaño, retroceder y el espejo están en teclas sueltas, porque unas manos ocupadas con el ratón son unas manos que no acompañan a la voz. La tipografía de entrevoz viene incluida.
Lo que no hace
No está en la App Store y no está firmada. Una herramienta hecha para una sola escuela no pasa por el registro de desarrolladores de Apple, así que la primera vez macOS pide una confirmación en los Ajustes del Sistema. Es una molestia real, ocurre una sola vez, y el manual la explica paso a paso en lugar de hacer como si no existiera.
Ocultarse al compartir pantalla es una petición, no una garantía. La app pide a macOS que su ventana no aparezca en grabaciones ni al compartir pantalla. En las pruebas quedó oculta, pero algunas apps de videollamada y de grabación ignoran esa petición. Por eso el manual lo dice claro: comparte solo una ventana, nunca la pantalla entera, y prueba siempre antes de una sesión importante.
Nunca se conecta a internet. Ni cuenta, ni sincronización, ni estadísticas, ni acceso a la cámara, al micrófono o a la pantalla. Los guiones viven en un único archivo en el Mac. Es un límite, y es a propósito: no hay nada en lo que iniciar sesión, nada que se pueda filtrar y nada que deje de funcionar cuando cierre el servicio de otro.
Lo que salió mal
La actualización. La versión 1.1 funcionaba en mi Mac y, según la foto que mandó Rodolfo, no en el suyo. La propia foto daba la pista: la ventana se paraba debajo de la barra de menús y tenía las esquinas de arriba redondeadas, algo que solo hacía la versión 1.0. Cerrar la ventana del teleprompter no cierra la app, así que la versión antigua seguía funcionando mientras la nueva esperaba en la carpeta Aplicaciones.
No había nada roto, y eso es lo útil. El instalador y el disco llevan ahora el número de versión en el nombre, y el manual tiene un apartado para actualizar: primero cerrar con ⌘Q y después elegir «Reemplazar», no «Conservar ambos».
Sobre el método
La hice con un agente de programación con IA, en una tarde. Entre la primera petición y la segunda versión pasaron unas cuatro horas, y la primera versión nativa estaba lista para Rodolfo en menos de una hora.
La velocidad escribiendo código nunca fue el cuello de botella. El agente no decidió que el código ajeno sin leer no entra en el ordenador de un cliente, que la línea de lectura va justo debajo del objetivo y no en el centro de la pantalla, ni que una herramienta para un cliente se entrega con un manual de verdad. Esas decisiones salen de veinte años de oficio, y el código solo las llevó al Mac el mismo día.
Delante de la cámara tiene que verse a alguien que te habla. No a alguien que lee.
Un teleprompter para un profesor de voz tiene una sola tarea: mantener la mirada en el objetivo y no estorbar a la voz.
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